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29th ago, 2011 by admin
Relatos eróticos y de sexo
29th ago, 2011 by admin
28th ene, 2012 by admin
Hace tiempo que vengo dándole vueltas al tema: sé que no puedo olvidar mi faceta bisexual.
Tengo 30 años, y desde hace 10 he mantenido ocasionalmente alguna relación con otro chico como yo. Nada serio ni prolongado, simplemente el momento. Me considero heterosexual, esto es, que realmente sólo me gustan las mujeres: el tacto de su piel, sus pechos, sus nalgas, el sabor de su coño, pero no puedo (ni quiero) rechazar la idea de poder acariciar otro pene, de tener un amigo con el que mantener algo más que una buena amistad. No tengo una idea formada en mi cabeza acerca de este “cómplice”, ni su cara, ni su físico, sólo me interesa que sea morboso y que tenga un buen rabo para que yo pueda mamárselo. La idea me excita muchísimo.
Aquí compartiré con vosotr@s mi experiencia con Miguel.
Le conocí hace algunos años a través de un contacto en una revista Gay. Yo no tenía experiencia con hombres, pero me rondaba la idea hacía algún tiempo y, aunque yo tenía novia, no quería quedarme con las ganas. Quedamos un día para tomar una copa a eso de las 8 de la tarde y, tras las típicas conversaciones iniciales, decidimos ir “a dar una vuelta en el coche”.
Llegamos a un lugar cerca del mar y decidimos pasarnos al asiento de atrás, y una vez alli, empezamos a acariciarnos por encima de la ropa, el pecho, los muslos, el paquete. La verdad es que la teníamos ambos muy dura, y yo me moría por ver otro pene de cerca, así que tomé la acción y le saqué su polla fuera del pantalón. Era super excitante tener una polla caliente y dura en la mano y que no fuese la mía. Sin dudarlo por un momento, me abalancé sobre ella y comencé a chuparla. En un principio no me agradó su sabor, pero según pasaba mi lengua me fue gustando más.
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27th ene, 2012 by admin
Desde muy chamaco, tuve noticias de que mi padrino era un desquiciado sexual; que cualquier fantasía que en ese sentido alguien pudiera tener, él la rebasaba.
Eso decían sus trabajadores en el rancho al que en repetidas ocasiones nos invitaba para pasar algunos fines de semana o vacaciones en verano.
Era un rancho hermoso, grandísimo, ganadero que lo mismo tenía reses, que puercos, aves y caballos.
De cada raza, el animal era un verdadero ejemplar.
Pues bien, cuando acudíamos a visitarlo al rancho, los rancheros nos platicaban cosas que en aquellos tiempos a mí me parecían increíbles, pues hablaban de sexo de mi tío y su compañera en turno, lo mismo con perros que…con caballos.
Y ahora que soy un hombre, a mis 26 años, vengo a comprobar lo que en mi pubertad fui enterado.
Llegaba yo de concluir mi maestría en Derecho, cansado de tres años sin vacaciones, para terminar mi curso en el menor tiempo posible, pedí a mi padrino permiso para pasar una semana en el famoso rancho “El León”, con mi novia.
No hubo problema alguno, pues si bien él ya vivía casi de hecho en el rancho, con su nueva compañera, la casa es bastante grande como para compartirla con nosotros, sin estorbarnos unos a otros en nuestras respectivas actividades.
Allí conocí a Sonia, una guapísima mujer de unos 32 años, bastante culona, con tetas pequeñas, pero que, con el simple hecho de mirarla, me causó una muy rica erección.
Sin embargo, nada tiene que hacer ante Nancy, mi novia de Monterrey, que a sus 19 años es un verdadero monumento de mujer.
Pero de Nancy no vamos a hablar, porque si bien nuestras relaciones sexuales serían buen tema para escribirles, me parece más emocionante lo que descubrí de mi padrino y su pareja.
Al segundo día de nuestra llegada al rancho, Nancy y yo nos encaminamos a la alberca, para nadar un rato, pero nos quedamos paralizados cuando vimos que en uno de los sillones, mi padrino y Sonia daban rienda suelta a su pasión sexual.
Pero más nos sorprendimos al ver las dimensiones del aparato con que él la atendía.
No menos de diez pulgadas y bastante gruesa era su verga que entraba y salía de la vagina de Sonia, cuyos gritos de placer podrían confundirse con dolor, de no ser porque el rictus de su cara demostraba el gozo que estaba recibiendo.
Ni Nancy, ni yo somos de los que nos guste ver lo que no nos interesa, pero esta vez, como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, retrocedimos unos pasos y nos protegimos tras unos arbustos, para terminar de ver la escena.
Sonia cabalgaba alegremente sobre la verga de mi tío, cuya total dimensión salía hasta casi ver el enorme glande, para luego volver a sumírsela entera.
Desde nuestro escondite, pudimos ver cómo la base del tronco de mi tío, con unos huevos negros y duros, estaba totalmente empapada por los jugos que Sonia dejaba escapar en cada uno de sus orgasmos.
Cansada del trote, bajó y se colocó en cuatro, “de perrito”, para que mi tío la penetrara.
Pero, contra lo que yo pensé, en lugar de meterla por el orificio original, con los mismos jugos de Sonia, se mojó los dedos de una mano y los untó en el culo de ella.
Y, por lo visto, era una posición que no era nueva para ellos, pues ella volteó su cara sonriente para pedir un beso y exigir “ya, métela”.
El no se hizo del rogar y de un solo movimiento, brutal, le metió por el culo su descomunal falo.
Ella dio un grito que debió ser de dolor, pero enseguida comenzó a gemir y a pedirle que no parara, que le diera hasta dentro y “más fuerte, más fuerte, más rápido”.
Unos minutos después, él sacó su enorme aparato y le vació la leche en la cara y boca.
Viéndolo bien, ustedes me dirán “?y qué tiene eso de especial?”, mucha gente lo hace por el culo.
Es que eso fue solo el principio.
Ellos no se dieron cuenta de nuestro espionaje y así, unos días después mi novia y no vimos que, en lugar de tomar hacia la alberca o a la zona de descanso, se fueron al establo.
Y no llevaban nada.
Salvo su vestimenta que en él eran unos jeans, botas y una camiseta, siempre con su sombrero bien puesto.
Ella, también con unos jeans, pero muy cortitos, tanto que dejaban ver la mitad de cada una de sus frondosas nalgas. Una camisa anudada a la cintura y unas sandalias con lo que se veía muy sensual.
Los seguimos a distancia hasta que se metieron al área de los caballos.
Como pudimos, Nancy y yo nos colamos en el establo y nos colocamos en un sitio inmejorable para observar todo lo que enseguida aconteció.
Casi sin mediar palabra, mi padrino y Sonia se fundieron en un apasionado beso al que siguieron cachondísimas caricias, pues mientras él masajeaba con una mano sus pequeñas tetas y con la otra el culote, ella le quitó enseguida la cabeza y al tiempo que le lamía las tetillas, con una mano sacó la enorme verga, casi erecta y la masajeó hasta ponerla a su máxima expresión.
Verdaderamente que era descomunal.
Para ese entonces, Nancy y yo nos habíamos desnudado y en nuestro escondite jugábamos a sobarnos nuestros respectivos sexos con las manos uno a otro.
Nada habría tenido ello de extraordinario de no ser porque, en un momento dado, mi padrino se zafó de su amante y fue a traer un caballo precioso, muy grande, totalmente blanco.
Y, como si fuera que con frecuencia realizaran, ella fue directamente al miembro del animal y comenzó a masajearlo.
¿Qué hacen? Me preguntó Nancy. Calla y observemos, le contesté.
En unos segundos, la verga del animal había adquirido dimensiones descomunales.
Fácilmente alcanzó las 30 pulgadas, con un diámetro incalculable, pero podría compararlo con mis antebrazos.
Sonia lo masajeaba con ambas manos y pasaba su lengua por esa cabeza rara que los cabellos tienen en la punta de sus vergas.
Mientras, mi padrino le chupaba el clítoris a ella y con su mano derecha se masajeaba su propio miembro, hasta volver a ponerlo en su más larga extensión.
Esta vez no hubo penetración por la vagina.
Casi en seco, salvo un escupitajo en el culo de Sonia, él le colocó su tremendo aparato en el trasero y se la comenzó a meter poco a poco.
Ella gemía de placer tan fuertemente que pensamos que en cualquier momento llegarían los trabajadores a ver qué pasaba.
En nuestro escondite, Nancy y yo habíamos pasado del masaje al coito.
En la misma posición que mi padrino y Sonia, yo me cogía a mi novia, pero por el agujero normal, es decir por la vagina.
Mi novia es verdaderamente escandalosa a la hora de coger, pero esta vez se metió mi camisa en la boca para acallar sus gritos de placer.
Frente a nuestros ojos teníamos una escena que difícilmente nos podríamos haber imaginado.
Mi tío le daba por el culo a su pareja, mientras ésta mamaba una tremenda tranca de caballo.
Tan experta resultó Sonia en eso de masturbar a un caballo, que a los pocos minutos, apenas unos segundos de que mi padrino lo hiciera, la bestia llegó al orgasmo.
Le derramó tal cantidad de semen que, para mi fueron más de dos litros se espeso líquido muy blanco y espumoso.
Ella se tragó una buena cantidad de esa leche y enseguida volteó la cara para recibir otra descarga de semen, esta vez de mi padrino que si bien no era la misma cantidad, era bastante.
Los dos quedaron recostados en el piso y nosotros nos fuimos a la cabaña, para acabar la relación que en el establo habíamos comenzado.
Qué tan caliente se había puesto Nancy que, apenas nos acomodamos en la cama me sugirió que la culeara, aunque precisó “con mucho cuidado, por favor, no quiero que me duela tanto”.
Yo no me hice del rogar y le cumplí el capricho, del que, si me animo, en otra ocasión les contaré.
Por lo pronto, quédense con esa imagen de ver a un hombre de 58 años, culeando a su compañera sexual, mientras ésta a su vez masturba las 30 pulgadas de verga de un caballo.
A poco no es para quedarse sorprendido.
Hasta la próxima.
Tras el jardín del colegio, en la oscuridad de la tarde, se ocultaban los bloques de edificios. El internado fue la solución que mamá estimó conveniente para que tuviera una educación disciplinada. Apenas salíamos a la calle y el tiempo libre que las monjas nos dejaban era muy poco para intentar ir a una discoteca o algo por el estilo. Sola en un internado. En una ciudad extraña. Sola con unas amigas que también estaban solas.
En el internado compartía habitación con Marta, una chica de Santander. Marta estaba muy desarrollada para tener diecisiete años. Las dos conseguíamos sacar chocolatinas de la cocina sin que las monjas lo advirtieran. Nos unió nuestro gusto por lo prohibido.
Los viernes por la tarde hacíamos las maletas y nos arreglábamos para pasar el fin de semana con nuestras respectivas familias. Mamá me recibía cada vez con más cariño porque notaba que en el internado estaba madurando y convirtiéndome en una señorita. Una de esas tardes, Marta se cepillaba el cabello delante del espejo de nuestra habitación. Llevaba puesta la falda plisada del uniforme y todavía no se había puesto la camisa- Sólo llevaba puesto el sujetador y estaba preciosa.
Marta se dio cuenta de que me había quedado paralizada detrás de ella mirando su imagen en el espejo. Sonrió y continuó cepillándose con una mano mientras que con la otra liberaba sus pechos de la prisión del sujetador. Me acerqué poco a poco oyendo sólo sus gemidos y el ruido de mis zapatos y mi respiración. Mis manos empezaron a seguir a las suyas, recorriendo sus duros pezones. A mis dedos, siguió mi lengua y las faldas cayeron al suelo. Nuestras bocas se unieron mientras caíamos en la cama. No sé si su sexo sabía a cielo, lo único que sé es que yo lo llegué a tocar gracias al calor de su lengua.
Era un jueves por la mañana. Me senté delante del ordenador dispuesta a seguir escribiendo el libro que le había prometido a mi editor hacía tres meses escasos. Debía tenerlo terminado dentro de otros tres meses, y mi ritmo, más o menos diario, hacía que el libro estuviera ya cerca del final.
Todavía no tenía pensado el título. No sabia si llamarlo ‘La corte del Rey Arturo’ o ‘El Conde y su Sequito’. El caso es que estaba dispuesta a terminarlo cuanto antes, y así cobrar una pequeña prima que tenía por rapidez. Estaba segura de que el calentorro de mi editor le pondría un título acorde con el contenido de mi novela.
A media mañana, el hambre me levantó de mi asiento, dirigiéndome a la cocina. Cogí una manzana y empecé a comérmela pensando en lo que escribía. Tenía en la mente la imagen de mi apuesto protagonista, tumbado sobre la espalda de una doncella cortesana de su castillo, follándola lentamente por su estrecho culito. Venía con precisión increíble, como hacia fuerza con sus riñones hacia abajo, proporcionando a la joven una penetración larga y poderosa. Y aquella imagen empezaba a proporcionarme una pequeña excitación. Normalmente no solía excitarme con lo que escribía, o por lo menos con lo que escribía normalmente. Me dirigí delante del ordenador, y retrocediendo hacia atrás, pude ver que había escrito doce páginas. Aquello me llenó de orgullo, pues era más de lo que solía escribir a diario. Quizá por eso ahora estaba más excitada de lo normal.
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24th ene, 2012 by admin
Un día fui a visitar a mi hermana a su casa de forma imprevista.
Hacía poco tiempo que retomábamos esta relación fraternal luego de algunas peleas familiares. Cuando entré en su casa vi que tenía un perro grande.
Nunca fui un amante de los perros por lo que me molestó su presencia sobre todo por su tamaño. Dialogaba con mi hermana de temas menores y sin importancia mientras ella me servía algún refresco o acomodaba sus cosas en la cocina cuando me di cuenta que el perro tenía la punta de su pene asomando de su capuchón.
Ingenuamente le dije a mi hermana que tendría que dejar salir al perro para que hiciera sus cosas en la calle, por lo que ella miró el pene del perro y sonrió despreocupadamente. No presté más atención al asunto pero con el correr de los minutos me di cuenta que el perro buscaba insistentemente a mi hermana olfateando por cualquier parte del cuerpo que le quedara a mano.
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Sandra es una adolescente bastante decidida, lo que se propone lo logra, tiene grandes ambiciones que para ella y su estatus social y económico no son difíciles de alcanzar, a pesar de que come cuanto se le antoja su figura nunca se ve afectada, estudia en un colegio femenino de gran prestigio del que se siente muy orgullosa y del que sabe saldrá con mucho honor para una excelente universidad con la plena seguridad de mantenerse ahí gracias a que el rendimiento académico exigido por el colegio y el brindado por ella así lo permiten, esta situación la sorprende, pues invierte más tiempo a dedicarse a sus aficiones que a sus estudios, aficiones entre las que predominan las discotecas, el flirteo (hasta ese momento aún heterosexual), las enormes amistades y el novio que en ese momento se gastara, novio que era digno de considerarse afortunado de contar con una mujer con tales atributos físicos y tal clase social, muchos se gastaban la cabeza y el bolsillo en tratar de conquistarla con detalles tan simples como una tierna carta hasta la última desfachatez hecha por su novio: comprarle el artículo más caro de la tienda que ella escogiera a dedo en la lista telefónica y publicitaria de la ciudad.
En sus relaciones sentimentales era seria en la medida en que su pareja le fuese fiel, sincera y respetuosa, pero infortunadamente si se enamoraba verdadera y profundamente perdía los rastros de cordura y se entregaba a tal punto de permitir condiciones y hasta imposiciones injustas y casi frustrantes. De todas formas trataba de no apegarse mucho a nadie, lección que aprendió de la única vez que se enamoró (un patán en todo sentido) y del ambiente social en que se desenvolvía, ambiente que exigía no entregar nada por completo, ni siquiera el cariño.
A pesar de tales exigencias sociales quería mucho a sus amigas de colegio, era difícil no lograrlo al estudiar sólo con mujeres y al compartir la ternura con que éstas se desenvuelven en casi cualquier ocasión y lugar, para todo era una fiesta, todo era motivo de celebración, abrazos, besos y cariñitos por cualquier simpleza.
Este ambiente las enorgullecía a todas, contar con este tipo de compañía era muy reconfortante cuando sentían que todo se venía abajo, la solidaridad era la mejor garantía que tenían como grupo de estudio, con el tiempo llegaron a tenerse mucha confianza, incluso las que antes únicamente compartían el saludo, gracias a tal situación Sandra se percató de que con ella estudiaba una amiga digna de considerar: Camila.
Camila también es una adolescente, es la menor del grupo, 16 años recién cumplidos y ya cursaba el último año de colegio, se sorprendía muy a menudo ya que sus notas académicas nunca habían sido las mejores, por el contrario se debatía entre las insuficientes y las del bulto para no reforzar hasta las materias más triviales y seguir llegando a casa con la imborrable sonrisa y el informe trimestral orgullosamente en la mano, sus padres la habían inscrito en el colegio siendo muy pequeña, pero gracias a su rápido desarrollo físico y a sus excelentes respuestas en el examen de admisión no hubo motivos suficientes para negarle la entrada al plantel.
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22nd ene, 2012 by admin
Soy un español de 36 años. Físicamente no soy ninguna maravilla, para que nos vamos a engañar. Rubio y de ojos azules pero no guapo, aunque dicen que si atractivo por motivos varios que no vienen al caso.
Tengo algunos vicios, uno por encima de todos: follar. Me encanta y lo hago cuando y dónde puedo. Por motivos de mi trabajo, he viajado mucho y he conocido a mucha gente y con mucha de ellos he follado. Además tengo otro vicio: masturbarme. Me gusta, me gusta mucho. Me encanta ver pelícuas y eso….
Como gran parte de los hombres de este y todos los paises, mis fantasías han ido evolucionando con los años y no sé exactamente desde cuándo empezaron a aparecer hombres en ellas. Poco a poco fueron adquiriendo más y más protagonismo. Hasta que quise probarlo y… lo probé.
Pero eso os lo contaré otro día. Ahora quiero contaros la historia más curiosa que he vivido desde mi sexualidad y que espero os guste.
Tengo una amiga llamada Luisa con la que hemos practicado sexo en bastantes ocasiones, menos de las que nos gustaría porque vivimos en ciudades distintas. En nuestros encuentros sexuales hemos hecho de todo, incluso masturbarnos juntos. Desde hace algún tiempo, como no podemos vernos cada vez que hablamos por teléfono nos contamos nuestra vida sexual y nos masturbamos juntos. Es un placer.
En sus experiencias me habló varias veces de un amigo suyo, Paco. Paco es un chaval de su cuidad que yo había conocido en uno de mis viajes. Luisa follaba con él de vez en cuando y me lo contaba con pelos y detallles ¡Y qué detalles! Paco tiene –según me contaba ella- un impresionante rabo y además era de mi cuerda: muy vicioso. Una vez la llamó en plena noche y le contó que en ese momento un tío le estaba comiendo el rabo… Uau!!!
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El sol hace horas que se asoma sobre el azul horizonte que enfrenta a la inmensidad del cielo y el mar con los edificios descuidados y descoloridos que sin duda han conocido tiempos mejores.
Eva y Pamela tomaban el sol en la interminable playa de arena blanca, de arena de mármol molido, las dos solas como tantas veces, esperando despreocupadas y desocupadas la llegada del resto de los chicos de su pandilla. Es domingo, eso les ha permitido bajar antes a la playa. No diré que tienen una especial obsesión por ponerse morenas, pues no tienen el problema de mal color en la piel: Eva es mulata, y Pamela es morena.
Eva y Pamela se conocen desde siempre. Viven en el mismo barrio ruinoso desde toda la vida y han jugado juntas desde siempre, Son sus respectivas mejor amiga. Lo saben todo la una de la otra, pues todo se lo cuentan. Son como hermanas, y de hecho, se llaman la una a la otra “prima”.
Eva, la más morena, tiene ahora veintiún años, es de corpulencia mediana, pelo rizadísimo y largo, huelga decir que tiene unos ojos negros, y los labios carnosos y sensuales. La dulzura de su cara le hace tener muchos pretendientes en el barrio, pero ella se saber guardar para el hombre que le de una vida buena. Sus pechos son grandes y sus muslos en consonancia. Huelga decir que sus piernas son largas y su culo hermoso, bien hecho, de carne maciza. Pamela tiene la piel más clara, y sus dieciocho años están muy bien aprovechados. Es básicamente muy parecida a Eva, salvo que es más bajita, sus rasgos están menos desarrollados, ni el pecho es tan grande, ni los muslos tan gordos, ni su culo tan hermoso. Tiene en cambio un porte más elegante que Eva, que le gana en cambio en exquisita sensualidad.
Llevan las dos los bikinis de hace unos años, ya descoloridos, pero la economía no da para comprar trapos todos los años. Trabajan pero la escasez es mucha. Su sueño es que algún día un extranjero se enamore de alguna de ellas y se la lleve a Europa, o a Norteamérica. Mientras tanto, no les avergüenza decir que a cambio de bastante dinero, para ellas, han cumplido su sueño, y el de algún turista cincuentón, al menos por una noche. Son cosas de la vida y de la economía.
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20th ene, 2012 by admin
Lo primero es saludar a todos los lectores q vais a leer mi aprendizaje en un chat conocido gracias a un chico que aunque de primeras era un poco salido, al final me a echo la chica mas feliz del mundo J
La historia empieza cuando estaba en el chat, hablando con mis amigos y conociendo gente, y de buenas a primeras me dice un chico con nombre sexy, q si quería cibersexo, en condiciones normales le hubiera mandado a tomar viento fresco, pero me dio un arrebato y seguimos una conversación ‘’normal’’ hasta q irremediablemente salió el tema del sexo, yo por aquel entonces tenia 15 años, y al preguntarme:
Chicosensual
Yo
Chicosensual < ¿y eso?
Yo
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19th ene, 2012 by admin
Hola: Ayer tuve un buen sueño, contigo por supuesto. Quiero contártelo. Espero seguir soñando así.
Yo, como de costumbre, estaba sentada en el escritorio de mi oficina. Papeles por todas partes, algo de música, el teléfono sonando, gente pasando por afuera, entrecortada por la persiana que da independencia a mi sala de trabajo. Te vi pasar varias veces. Seguía tus pasos, miraba tus caderas, miraba el movimiento del cabello. Pese a que llevamos varios meses de compañeras, nunca había reparado en el color de tu cabello, rojizo. Pero hoy, especialmente hoy, ese color provocaba en mi un sonido distinto, parecía que podía sentir el roce de tu cabello, el movimiento de tus caderas, el calor de tu sonrisa; simpática, alegre, humilde y hoy, particularmente hoy, provocativa.
Me desconcerté por unos momentos, mi boca más abierta de lo normal, mis brazos más relajados y mis piernas más cómodas que nunca. La sensación de relajo y libertad me invadía por primera vez en el trabajo. Mi propia oficina era escenario de un momento de bienestar, placer y ensoñación. Sin embargo, no eran mis brazos, ni mi boca ni mis piernas. Eran tus caderas, era tu cabello y era tu voz que me tenían así, atontada, relajada, atrevidamente desconcentrada de los papeles.
Varias veces pasaste frente a mi ventana, algunas me saludaste con simpatía. La misma simpatía de siempre, pero yo la recibía distinta, más cálida, más cómplice. Hasta pensé que te habías percatado de cómo miraba tus caderas, de cómo soñaba con tu cabello sobre mi rostro, de la fantasía de tu voz gritando suaves quejidos. Una locura. Pero fue una vergüenza lo que sentí cuando me sorprendiste así, tú entrando a mi oficina yo pensando secretamente en ti. Seguir leyendo »
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© 2011Contacto: Citados.netActualizado: 5 septiembre, 2011Visitas totales: 11,094Últimas 24 horas: 12Conectados: 1 |